Sábado 7 de Febrero de 2004
El río Congo
El libro del novelista, historiador y periodista Peter Forbath es sencillamente apasionante. La historia del Congo, un río que despierta un embrujo mítico, es la del colonialismo en su peor faceta y, a la vez, la mejor muestra de la tragedia que afecta a tantos países del África subsahariana.
Rodrigo Pinto
A fines de octubre de 1876, Henry Morton Stanley se encontraba en la ribera del río Lualaba, un misterioso curso de agua que, según Livingstone, era la verdadera fuente del Nilo y, según otros, era el río Congo. Dos europeos habían llegado antes hasta allí, y la noticia de las dificultades que los aguardaban río abajo eran tan amenazantes, que incluso Livinstone había retrocedido. Stanley llamó a su colaborador más cercano. Podían seguir hacia el norte, por el cauce del Lualaba, o hacia el sur, para descender el Zambezi. Decidieron echarlo a suertes. Seis veces tiraron una moneda al aire, y las seis veces el azar indicó al sur. Recurrieron entonces a las pajitas corta hacia el norte, larga hacia el sur- y otra vez el Zambezi fue el elegido por la suerte. Pero Stanley no escuchó aquel claro mensaje. Ansioso por resolver el gran enigma que todavía encerraba la geografía africana, contrató una numerosa escolta de árabes negreros y enfiló hacia el norte.
Éste es uno de los episodios contenidos en "El río Congo". Descubrimiento, exploración y explotación del río más dramático de la Tierra, del novelista, historiador y periodista Peter Forbath, corresponsal de la revista Time en África por muchos años. El libro es sencillamente apasionante. Remonta la historia del Congo hasta las Cruzadas, cuando las noticias acerca de un misterioso reino cristiano en oriente, regido por el Preste Juan, motivó la exploración de Asia primero y de África después. Fue tal el embrujo despertado por el mítico reino, que siglos después de las primeras noticias, navegantes y exploradores continuaban su búsqueda. Así fue como el portugués Diogo Cao descubrió la desembocadura del Congo, comienzo del vasto imperio colonial que su país levantó en África, Asia y América. Por el caudal del río, sospechaban que era uno de los más grandes del mundo, pero era imposible remontarlo: una cadena de cataratas impedía la navegación río arriba. Casi cuatro siglos después, Stanley terminó la exploración del cauce del Congo, en un descenso infernal por los rápidos que se extienden por alrededor de 350 kilómetros. Forbath se detiene largamente en las diversas etapas del libro, para concluir con la más desoladora y terrible, la explotación del Congo, que superó en brutalidad incluso el largo período del esclavismo. Desde el reino personal del rey Leopoldo II de Bélgica hasta la independencia del Congo Belga en 1960, asistimos a un espectáculo deplorable y vergonzoso. Lo peor es que las desgracias del Congo no concluyeron ahí; como relata José Luis Cortés en el epílogo que abarca hasta 2002, prácticamente no ha cesado la guerra civil en el país. La historia del Congo es la del colonialismo en su peor faceta y, a la vez, la mejor muestra de la tragedia que afecta a tantos países del África subsahariana.
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